El SEGUNDO SUEÑO (con propuesta final) - Coaching Azul
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El SEGUNDO SUEÑO (con propuesta final)

El SEGUNDO SUEÑO (con propuesta final)

20:43 29 abril in blog
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Avanzamos en  este mes con un TERCER capítulo del relato que comencé a compartir en el post de Febrero. Como escribía entonces, en procesos de autoconocimiento y desarrollo profesional, los facilitadores, a veces, utilizamos  cuentos, relatos cortos y metáforas. Son herramientas que invitan a la persona con la que estamos trabajando para que reflexione sobre una determinada situación o cuestión que le interesa o preocupa. También para que encuentre información propia con la que antes no contaba; bien porque no la podía ver, bien porque no la podía sentir, dado que al instaurarse  nuestra propia habitualidad en las respuestas racionales y emocionales no nos permitimos otras posibilidades. Las historias, las cuentos, las metáforas y también los sueños provocan cierta apertura a lo nuevo dentro de nosotros mismos. Por eso son tan enriquecedores.

Este es el capítulo 3 del relato que estoy compartiendo con mis lectores y seguidores. Es bastante más largo que los que utilizamos en las sesiones, pero no por ello pierde valor para el fin que comento.

En total son CINCO capítulos que iré publicado a razón de uno por mes.

Están conectados y forman un todo, así que resulta aconsejable la lectura de los cinco por el orden sucesivo de su publicación. Además al final de cada capítulo, amplío información y siempre hago una propuesta para el lector.

El relato se titula “CUATRO SUEÑOS”.

 

“Esos cuadros caprichosos, puesto que se originan en nosotros, pueden bien poseer un analogía con nuestra vida y nuestro destino”

Goethe

 

 

 

CAPITULO 3

LA PRIMERA LLAVE SIRVE PARA ENTRAR

A la mañana siguiente, cuando llegué a Santa Fe, lo primero que hice fue ir a charlar con el Doctor Mateo, el médico internista que se ocupaba de Fátima. Quería saber si él me permitiría estimular a su paciente y si esto era conveniente para su estado. No sólo le pareció bien, sino que incluso mostró total desinterés por saber cuál sería el método que yo utilizaría con la enferma. Creo que no le preocupaba lo más mínimo, pues probablemente no tenía fe alguna en que yo consiguiese algo como psicoanalista con una persona inconsciente, que no solo no puede hablar sino que tampoco puede escuchar, o por lo menos es lo que casi todos creemos; que estos enfermos no se dan cuenta de lo que hacemos o decimos.  La única condición que me puso es que respetase los horarios de los controles de enfermería.

Tras haber conseguido la autorización de mi compañero Mateo, me apresuré con la revisión cotidiana de mis  pacientes, para poder comenzar mi experimento con Fátima. Mi propósito era conseguir que ella respondiese a algún estímulo externo y de esa forma sacarla, aunque solo fuese durante unos segundos, de su profundo aislamiento.  Pero realmente aún no tenía un plan, solo el recuerdo de mi segundo sueño.  Cuando me retiré a mi despacho para hacer la pausa de las doce y tomar un café, comenzaron a fluir en mi mente casi todas las imágenes que alumbró la oscuridad en mis ojos cerrados ayer por la noche.

El día estaba nublado. Nadaba nervioso en un mar  oscuro y plomizo, sintiendo un miedo atroz porque ni siquiera intuía el fondo. Daba brazadas sin rumbo, desesperado por llegar a tierra, aunque no la viera en ningún punto del horizonte. Cuando detenía mi nado, me angustiaba aún más por no poder tener un apoyo firme, donde acabar con el descontrol que suponía la flotación de mi cuerpo mecido por el movimiento del agua casi negra. Mi mente quería dominar la situación apremiada por lo que percibían mis sentidos. Al comprobar finalmente que no tenía a donde ir, acepté el vaivén casi fundiéndome con las olas. Con su sabor, su color, su liquidez, su frío y su espuma. Me entregué al momento de esa nada que me rodeaba y que comenzaba  a tragarme. Nada que decir, nada que hacer, nada a lo que sujetarme, nada en qué pensar, ningún lugar a donde ir. Vacío, me sentí profunda e inexplicablemente feliz.

Pero duró muy poco, porque de forma brusca y sorpresiva algo tiró de mí hacia abajo. Grité aterrado imaginando que era un tiburón de ojos  negros como señal de desgarro y muerte. Entre mis gritos, me pareció escuchar la palabra  <<¡despierta!>>,  pero no pude despertarme, insistía en seguir dormido a pesar de la pesadilla.

Ya sumergido me vi envuelto en una burbuja cristalina que me parecía imposible dada la oscuridad que dominaba en la superficie. Unos brazos de mujer atravesaron la burbuja y tiraban de mí hacia el fondo. Los brazos pertenecían a dos peces tintados con diversos tonos de  amarillo anacarado. Se dirigían hacia la profundidad donde había  una gran tienda de gasa blanca flotante que me recordaba a las jaimas del desierto. La tienda estaba coronada por una veleta que en ese momento señalaba hacia Occidente.  Cada uno de los puntos cardinales de la veleta estaba asociado con un elemento. El Oeste con el Agua, el Sur con el Fuego, El Norte con la Tierra y Este con el Aire. En el  Norte me parecía ver un caballo salvaje montado por una amazona dulcificada por su maternidad. Uno de sus pechos estaba cortado, pero en el otro colgaba un bebe mamando que ella acariciaba con gran ternura. La Tierra Madre, murmuré, acogedora e implacable a la vez. El Sur estaba representado por una vara de Fuego rematada por una estrella y empuñada por la garra férrea de un hermoso león rubio que  rugía sin pudor, aunque su bramido era semejante al maullido de un gatito. Y por último en el extremo de Oriente se definían con claridad las alas de un águila que remontaba el vuelo una y otra vez, creando una fuerte corriente de Aire que hacía girar con brío las aspas de celosía de un ventilador de marfil. Me detuve de nuevo a observar la orientación de la veleta hacia el oeste, porque en su extremo se destacaba una figura que no conseguía asociar a ninguna idea conocida. Era el guardián del Agua.  Parecía un paje vestido con una armadura azul celeste rematada con pequeñas bolitas transparentes rellenas de agua verdosa.  Llevaba incrustado en su cabeza un rodaballo a modo de boina sofisticada. Le daba un toque elegante y resaltaba sus delicadas facciones.  Portaba un cáliz del que salía un pez volador de escaso tamaño que parecía entregarle una diminuta esfera de luz con la punta de su lengua que salía de su boquita abierta.

Los peces me dejaron frente a la puerta de la verja de coral que rodeaba la carpa y que se hallaba custodiada por dos estrellas de mar plateadas. Las estrellas tenían unos labios sensuales pintados en rojo carmesí de las que salían burbujas de diferentes tamaños.  Yo las miraba embobado, porque además sus labios carnosos me excitaban. La que estaba situada a mi izquierda me preguntó:

__¿quieres entrar?

Asentí con tal vehemencia que el eco de mi voz les hizo reír a carcajadas enseñándome sus dientecitos perlados. Esto provocó el aplauso de los raros peces que me habían traído hasta allí.  Entré y caminé hasta lo que parecía ser la entrada de la tienda que se encontraba cerrada. En ese momento me di cuenta de que ya no estaba en el líquido elemento, pero seguía con la sensación de estar flotando mareado.  A pesar de mi temor, tome la firme decisión de pasar por aquella puerta azul que comenzó a abrirse lentamente. Di unos pasos. Nada más entrar en la sala me encontré con un hombre, que me daba la espalda. Estaba sentado en el borde de un estanque lleno de agua dorada. Se entretenía dando de comer pequeñísimas golosinas de colores, a unas ostras que jugaban entre sí para alcanzarlas. Con cada bocado podía ver los zafiros que escondían los moluscos en su interior. El hombre llevaba una túnica clara, transparente como su piel. Sus manos eran  bellísimas con dedos largos y delgados.  No me atrevía a acercarme, hasta que pronunció mi nombre:

__Rafael Moratinos, ¿verdad?

__Sí  __respondí y avancé hacia él algo turbado por las náuseas que el miedo provocaba en mi estómago.

__No temas, temer es un error __me dijo.

Cuando estaba muy cerca de su espalda, se volvió hacia mí.  Su rostro era el de una mujer bellísima coronada por una tiara que resaltaba aún más sus rasgos suaves y perfectos. De su cabello salían pinchos blandos dorados y violetas. Su piel cambiaba de color y cuando se ponía oscura me recordaba a una princesa persa.  Por momentos su rostro se transfiguraba y pasaba a ser otra vez el de un hombre, pero de piel oscura con ojos amarillentos.  Y entonces su túnica se transformaba también pasando a ser  un peto de carne de pulpo por la parte delantera y una sedosa capa azul de escamas irisadas sobre su espalda. Imaginé que esa capa tenía poderes como la de Superman. Seguro que podía volar con ella. Hasta ese instante no me había dado cuenta de que me encontraba ante una figura gigante de al menos veinte metros de altura. Era enorme, pero armonioso en sus formas y en sus movimientos. Interrumpió mis pensamientos sorprendiéndome otra vez con sus palabras:

__Fátima tiene que despertar, Rafael. Y tú, también  __me espetó.

Me entró una risa floja y nerviosa a la vez que le decía:

__Bueno, yo estoy soñando, ¿no?, je, je, despertaré en cuanto suene mi despertador. Lo de Fátima es un poco más complicado, pero está en manos de mi buen amigo Mateo y estoy seguro de que…

No me dejó terminar, porque a la vez que me miraba compasivamente, lanzó su puño con sus uñas rojas afiladas contra mí, perforándome el corazón. Con el impacto, sentí que me fagocitaba en mil partículas y desaparecía de este mundo. Era algo más intenso que la nada que había llegado a ser antes en el agua. Así debían sentirse los muertos cuando dejan la forma mundana. No puedo describirlo con palabras. En ese mismo momento comencé a cantar suave y lentamente una canción:

<<Corazón, corazón. Mar de mi alma. Corazón, corazón. Copa de vida, rebosas Amor>>.

Aunque cantaba escuchaba también la voz de aquel ser fascinante que decía: <<Los cabires guardan las entradas. No olvides tu calma y tu paciencia. Esa llave has de encontrar. No busques fuera, dentro de ti está>>

Miré hacia mi izquierda y encontré la mirada de Fátima que sonreía diciéndome:

__Rafael el agua puede ser el principio. La calma es el agua que fluye en el momento. El agua estancada del ayer está podre y corrupta. Aquí y ahora podemos encontrar la eternidad de la calma, Rafael. ¿Recuerdas? No tenemos que sufrir como ayer, tampoco como mañana.

Mis recuerdos se interrumpieron por el grito chillón del teléfono. Tardé en reaccionar y cuando lo cogí habían colgado. Salí del despacho y fui a ver a Fátima. Cuando llegué a su cuarto, observé que su cuerpo ya no tenía la rigidez de ayer. Cogí una maceta vacía que había en la ventana, la llené de agua tibia en el lavabo del baño y suavemente metí su mano, vertiendo algo del líquido en su brazo que acaricié con ternura.

En ese momento entró el Doctor Mateo en la habitación charlando con la enfermera jefe que lo acompañaba:

__Candela no hay mejor remedio que observar las cosas con calma. Recuerdo que cuando fui médico residente de urgencias, siempre me funcionó. Ante el temor y las dudas, me paraba unos segundos, me centraba en el momento en el que me encontraba y volvía a tener sosiego en mis pensamientos. Recuperaba la claridad para decidir. Actuar capturado por las emociones negativas es como intentar encontrar una llave en un charco oscuro, embarrado y mal oliente. Seguro que no la encuentras.

Al escuchar esas palabras de Mateo, sonreí y creo que Fátima también, o al menos eso me pareció entonces.

 

 

 

(Continuará)

PROPUESTA FINAL.

Este sueño habla de las emociones. Metafóricamente hablando el agua es similar al mundo emocional de las personas. El agua ha de estar clara, pues si está oscura o removida por el barro, es difícil la orientación para pensar, para decidir, para actuar de forma positiva. El agua es un símbolo de nuestra vida emocional interior. La calma es esa agua clara y cristalina. Cuanta más CALMA interior tenemos emocionalmente hablando, más CLARIDAD interior y MEJOR desempeño personal y vital. Ciertas emociones como el miedo, la rabia, el enfado, la frustración, la ira…son como el agua turbia y enfangada que no nos permiten observar las cosas o decidir y actuar con claridad. La CALMA  es el lenguaje interior de las personas sabias. Y la calma es fácilmente recuperable si te alías con el momento presente, pues el movimiento hacia el pasado o hacia el futuro embarra tu pensamiento. Por tanto tu decisión y acción puede ser nueva y genuina en cada momento, sin el peso de tu pasado o la ansiedad del futuro.

Por eso la gestión emocional es una habilidad indispensable si queremos crecer y evolucionar y no repetir patrones de fracaso en nuestra actitud, en nuestras respuestas, en nuestras decisiones y en nuestras acciones. Y es una habilidad que se puede aprender, se puede entrenar y se puede instaurar como un hábito positivo de nuestra personalidad, tengamos la edad que tengamos.

Cuando vivimos capturados por EMOCIONES negativas, nos inmovilizamos a muchos niveles, no crecemos y repetiremos experiencias con resultados desgraciados y hasta catastróficos. Nos inmovilizamos como el agua estancada.

En esta historia Fátima tuvo un terrible accidente en un mar que estaba oscuro aquél día.  Metafórica o simbólicamente hablando, Fátima ha sido víctima de su propia habitualidad emocional negativa. Rafael Moratinos en cierta manera ha venido a la vida de Fátima para ayudarla, pero él también ha de trabajar su mundo emocional, sino su ayuda será muy pobre.

Te recomiendo una lectura muy inspiradora para aprender sobre la gestión de tus emociones.

Se titula: “Tus zonas erróneas” de Wayne W. Dyer.

Pero no solo basta con una lectura, si ves que necesitas ayuda para gestionar tus emociones, busca ayuda profesional.

Marta Antuña Egocheaga

 

 

 

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